Cinco cosas que debe saber sobre la rosácea

Por qué debe saber sobre la rosácea

Sandra, de 35 años, pensó que las marcas rojas que aparecieron en su piel durante las vacaciones eran una quemadura de sol.

Las desestimó e hizo una nota mental de usar sombrero y aplicarse un bloqueador solar más fuerte.

Sin embargo, el enrojecimiento no desapareció y unos días después Sandra empezó a desarrollar dolorosos puntos llenos de pus, ojos secos y párpados hinchados.

Parecía que la piel «de durazno» de Sandra se estuviera volviendo contra ella, y Sandra no sabía por qué.

El diagnóstico del problema

Sandra no podía predecir cuándo tendría un episodio de piel inflamada, pero notaba que sucedía con frecuencia después de haber tomado vino o haber ido al gimnasio.

Cuando los episodios se hicieron más regulares e intensos, probó varios remedios para el acné de adultos y dejó de usar por completo su maquillaje; en su lugar, empezó a usar correctores, aunque poco hicieron para ocultar la piel enrojecida o los brotes similares al acné.

Después de unas semanas sin mejora alguna, empezó a sentirse ansiosa por su apariencia, y a veces los compañeros de trabajo bromeaban diciendo que parecía que había estado tomando mucho antes de venir a la oficina.

Poco a poco empezó a dejar de salir después del trabajo, e inventaba excusas de por qué no podía verse con sus amigos. En un par de ocasiones llegó a decir que estaba enferma y trabajó desde su casa.

Finalmente, desesperada, fue al médico, que después de discutir sus síntomas, le dijo: «Creo que tienes rosácea».

«¿Rosácea?» contestó Sandra. «¿Qué es eso?»

Una confusión común

Sandra tuvo suerte. Generalmente, la rosácea recibe un diagnóstico errado.

Al igual que Sandra, las personas suelen confundir sus efectos con acné u otras afecciones médicas, entre ellas lupus o, en las mujeres, la menopausia.

A pesar de esto, es bastante común; se estima que el 10 % de las personas en el mundo sufren de rosácea, y no es inusual que las personas que la tienen pasen por periodos de baja autoestima y ansiedad elevada.

Así como afecta la imagen de sí mismo y el bienestar mental, la rosácea puede empeorar si no se trata, así que el diagnóstico temprano y correcto es importante.

Lo que debe saber

La rosácea es más común en las personas de piel clara con ancestros celtas o del norte de Europa, aunque también puede encontrarse en personas con piel de color. Aunque tiende a afectar a las personas entre los 30 y los 50 años y parece ser más común en las mujeres, los síntomas en los hombres son más severos.

Una historia familiar de rosácea aumenta el riesgo de desarrollar la afección.

La rosácea generalmente afecta la parte central del rostro, pero otras áreas afectadas con frecuencia son la nariz, las mejillas, la frente y la barbilla.

Los síntomas más comunes son manchas rojas y bultos o granos. Otras señales de que puedas tener rosácea son los folículos pronunciados en la nariz y que ésta se hinche, o síntomas en los ojos, como la sensación de tener un elemento extraño, escozor, irritación y resequedad.

Aunque no se conocen con precisión las causas de la rosácea, muchos factores pueden desencadenarla o agravarla al aumentar el flujo de sangre a la superficie de la piel.

Los desencadenantes pueden variar de persona a persona, pero entre los factores mencionados con frecuencia están los siguientes: estrés emocional, cambios de temperatura, exposición excesiva al sol, comidas muy condimentadas o picantes, maquillaje, productos de bronceo y cremas para la piel.

El alcohol, en particular el vino tinto, y el esfuerzo físico también pueden intervenir.

Aunque actualmente la rosácea no se puede curar, sí puede tratarse y manejarse con facilidad si se diagnostica correctamente. Los tratamientos varían según el tipo de rosácea, y van desde las cremas tópicas hasta las cápsulas orales y, dependiendo de las características que presente, tratamientos con aparatos o cirugía.

Evitar los desencadenantes

La rosácea facial de Sandra se trató con una crema medicinal tópica una vez al día a la hora de acostarse. En unas semanas ya no se notaba, pero se le aconsejó evitar desencadenantes y, con el tiempo, Sandra llegó a conocer cuáles eran los que más podían afectarla. También empezó a usar crema de protección solar con factor de protección 30 como parte de su rutina diaria de cuidado de la piel, ya que demasiada luz UV puede generar brotes.

En sus siguientes vacaciones al exterior se aseguró de evitar demasiada exposición al sol, particularmente al mediodía, y aumentó el factor de protección de su bloqueador solar a 50.

Aunque sigue disfrutando el gimnasio y salir a trotar, Sandra hace ejercicio en intervalos más cortos y menos intensos que no exacerban la afección. También sigue disfrutando sus copas de vino tinto, aunque solo en ocasiones especiales.

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Esta historia es parte de una serie de artículos enfocados a ilustrar el impacto positivo que tiene la piel saludable en la vida de las personas. Se desarrolló con la colaboración de nuestros expertos científicos y médicos, y está dirigida al público en general.